Sacramento: un pueblo 200 años luchando por reconocimiento
De forma más reciente los vecinos de esta comunidad en clavada en las montañas de volcán Barva enfrentan las amenazas del Ministerio de Ambiente y Energía, así como del Sistema Nacional de Áreas de Conservación por sacarlos de propiedades que el Estado dice necesita resguardar
Un grupo compuesto por alrededor de 70 familias residentes en algunos casos por décadas, o incluso que nacieron en un pequeño pueblo denominado Sacramento, enclavado en las montañas del cantón de Barva de Heredia sufren en estos momentos lo que ellos denominan la desatención de las autoridades del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), y del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) y la amenaza de perder sus propiedades, según las autoridades en atención a instrucciones de la Sala Constitucional por preservar y resguardar la zona inalienable del Parque Nacional Braulio Carrillo en el sector del volcán Barva.
La Reacción viajó hasta esta zona, un pequeño santuario situado a no más de media hora de San José para conversar con sus vecinos y dar a conocer su parte de una historia que tiene doscientos años de lucha por lograr el reconocimiento de las autoridades y que se respete la propiedad privada, y que en las generaciones actuales reinició en el 2008 con un voto de la Sala Constitucional porque se respete una antiquísima ley que data de 1888: la polémica ley 65.
UN INGLÉS, UNA LEY Y UN PRINCIPIO LIBERAL CLÁSICO
Para contar esta historia, sin embargo hay que retroceder muchos calendarios en el tiempo, a momentos en los que incluso no existía más que fotos antiguas, algunos documentos escritos y piezas que atestiguan una historia que está hasta en los documentos históricos del Archivo Nacional.
En el año 1888, el Congreso Constitucional de Costa Rica emitió una sencilla ley de apenas dos artículos que, entre otros ordenaba la protección de la zona inalienable en el parque nacional Braulio Carrillo del sector volcań Barva delimitado por dos kilómetros de ancho a uno y otro costado del denominado macizo y hasta lo que se conoce como Concordia. Y en dicho primer artículo se advierte que la orden abarcaría los territorios municipales y/o estatales, en ningún momento se mencionó nada de la propiedad privada.
Es probable que se piense en aquellas condiciones del siglo XIX nadie tendría la valentía de ir a abrir trecho y derecho de propiedad en medio de las montañas, pero la historia ubica a un ciudadano inglés denominado John Hale que en el año de 1832 recibió la autorización por parte del Supremo Gobierno para comprar 70 caballerías de terreno; la caballería era una antigua medida de la América colonial que equivalía aproximadamente a 40 hectáreas, es decir Hale compró en Costa Rica más o menos 2800 hectáreas. Por su determinación Hale escogió las montañas de Heredia para la fundación de un pueblo que esperaba ocupar con sus coterráneos, los cuales rechazaron la posibilidad de venirse a vivir a la incipiente república independiente de la corona española.
Sin embargo, las tierras quedaron tituladas, aunque sin inscripciones; posterior a que Hale dejó territorio nacional empezó la venta de las propiedades en pequeños lotes o fincas a personas de Heredia o cercanías a los cuales se les terminó por denominar de forma popular «los comuneros del inglés».
Doña Elvia Mejía Víquez es hoy una adulta mayor residente en Sacramento, pero acá nació, y fue su abuelo paterno Alejo Mejía quién para el año 1890 le compró a uno de los comuneros un total de 4 fincas; que ya habían pasado por varios propietarios, pero que en esencia tenían derechos de propiedad antes de 1855; año en que quedó en firme la polémica ley del momento.
La Costa Rica de los 1800 estuvo caracterizada por gobiernos y sistemas de gobiernos de amplio pensamiento liberal, y como uno de los vértices de esta concepción de la humanidad está el hecho de que la propiedad privada es inviolable.
Sin embargo, Mejía Víquez, y muchos de los pobladores acá viven con el temor desde el 2008 en que la Sala Constitucional acogió y declaró con lugar un recurso de amparo de ser sacados de propiedades que legítimamente les pertenecen por ley, en supuesto amparo de la zona protegida en torno al parque nacional Braulio Carrillo.
Lo anterior porque en esencia, las autoridades del Minae se niegan a recibir la nueva documentación y los hallazgos históricos de los vecinos. Sin embargo la lucha por la determinación territorial no empezó reciente en el año 2008.
«Esta gente tuvo una lucha de cincuenta años más o menos, desde 1835 que fue cuando se remataron las tierras hasta 1885 cuando ya terminó prácticamente de segregar y se terminaron de inscribir las tierras; porque al principio todo se mantuvo en un solo paquete. Lo que el inglés compró no había sido medido, entonces se llevaron mucho tiempo, entonces para mi concepto Sacramento tiene una historia como pocos pueblos de Costa Rica porque esta es muy antigua y con todos esos años de lucha», contó doña Elvia a los micrófonos de La Reacción.
DECISIONES CON BASE EN UN MAPA INCOMPLETO
La gran pregunta que a muchos les surge en este punto es: ¿cómo las autoridades del Minae están tan seguras que el pueblo de Sacramento y las tierras de sus hoy pobladores forman parte de esos dos kilómetros a lo ancho desde la cúspide del volcán Barva y hasta la zona de Concordia?
De acuerdo con las investigaciones documentales que por años llevan en realización los vecinos de esta comunidad, lo cierto del caso es que las autoridades tomaron como base un mapa incompleto de la zona.
La famosa y polémica ley 65 daba la orden a las autoridades respectivas a tener que hacer la medición de los terrenos y para eso se debía nombrar una Comisión Científica, fuera para ampliar o mantener las delimitaciones del parque nacional ya mencionado.
Entre la prueba documental que los vecinos de Sacramento tienen está el hecho de que entre 1888 y 1903 hubo el nombramiento de cuatro comunidades científicas que tenían como labor medir los terrenos para poder aplicar de forma correcta la ley sancionada por la Asamblea Legislativa de la época.
Sin embargo, fue hasta el año 1903 que el ingeniero Manuel Benavides Rodríguez; ingeniero civil licenciado en Bélgica terminó por hacer las mediciones de los terrenos y colocó mojones para delimitar hasta dónde llegaban los famosos «dos kilómetros a lo ancho de la cima del volcán Barva». No obstante en las disputas actuales las autoridades no usan las documentaciones de Benavides Rodríguez, si no de un agrimensor llamado Moisés Rodríguez; quien en 1898 realizó un mapa provisional, mapa que, sin embargo, no fue terminado.
Rodríguez entregó a las autoridades Heredia su trabajo incompleto, y aunque en la leyenda del mapa se lee 1898, alguna persona hizo una corrección muy evidente para que parezca dice 1888 y que es el mapa original desde que la ley entró en vigencia.
Pero eso no resulta toda la historia de esta polémica, porque Mejía afirma que en los títulos de propiedad con que cuenta de dónde vive está escrita la historia del pueblo de dónde hoy quieren sacarlos.
«Lo que hicieron al traer de vuelta la ley es arruinar nos porque hemos tenido zozobra y han llegado las municipalidades a decir porque están desinformadas que ni una ventana podía corregiré en la casa si uno tenía casa y construir menos, porque supuestamente estas son tierras del Estado, pero obviaron y siguen obviando los derechos que se tiene sobre propiedades inscritas; acá no hay ni un solo propietario que esté ilegal como han querido decir», manifestó Mejía.
El mapa usado como referencia y elaborado por Moisés Rodríguez tenía tantas deficiencias que el Minae mandó a certificar dicho documento al Instituto Geográfico Nacional; ente autorizado en materia cartográfica, pero ni siquiera estos pudieron validar qué la información ahí descrita fuera la oficial. En dicho mapa se ubica el punto denominado Concordia en una zona que lo que en realidad existe es el cerro Guararí, y con esa inclinación incluyeron el pueblo de Sacramento dentro de la declaración de la zona inalienable.
PUEBLO DE SUBSISTENCIA
Si usted se pregunta de qué vive la gente que vive en Sacramento le contaré que es un pueblo con actividades económicas de subsistencia, si bien es cierto existen pequeñas plantaciones y ganaderías, ninguna actividad es de carácter extensivo si no más bien quienes las desarrollan afirman qué tienen claro el principio de conservación ambiental.
Por ello es que ante la prerrogativa de las autoridades del Minae y del Área de Conservación Central del Sinac qué deben sacar a los vecinos de estas comunidades para preservar el ecosistema en torno al parque nacional Braulio Carrillo es que los vecinos de esta comunidad dudan de esa declaración.
Jorge Mora es de profesión biólogo y residente en Sacramento desde 1986 donde siembra flores. En su perspectiva los residentes de esta pequeña comunidad saben más, mucho más de conservación de las tierras que representan un bosque nuboso; ecosistemas sumamente escasos en Costa Rica.
«Desde que yo vivo aquí ha habido un incremento consistente de biodiversidad, siempre ha existido y parte del pueblo el hecho de que se hable de animalitos que puedan bajar de la zona del volcán Barva, pero en estos cuarenta años ha incrementado esa posibilidad. Por ejemplo en mi jardín llega una danta, pájaros desde pequeños hasta quetzales», comentó con La Reacción.
Mora es claro que, aunque Sacramento no tiene un incentivo alrededor del turismo por conservar el bosque nuboso siempre ha sido parte de la identidad del pueblo el deseo de conservación, y es con base en esto que dudan de los criterios del Sinac-Minae para sacar a las personas de estas propiedades.
Para este productor de flores hay una realidad innegable, Sacramento se perdería como la joyita qué es, si a ellos los sacan de la zona.
«Las personas para poder acceder a un lugar debe existir una vía para llegar, y si Sacramento desaparece probablemente haya un poco más de árboles. Pero mi punto es que Sacramento, parque nacional y conservación son tres unidades del mismo ecosistema, si las personas quieren venir a ver pájaros necesitan cierta infraestructura básica, yo veo una sinergia entre la conservación, el desarrollo de gentes como nosotros que tenemos cientos de años de estar acá y el disfrute que personas de otras zonas puedan venir y disfrutar lo que tenemos aquí. La conservación es un asunto de varias líneas, no de una sola», explicó.
Sin embargo ese espíritu de coservación que los vecinos de esta comunidad tienen para con su propio entorno, y que las autoridades según ellos no entienden ha impedido al pueblo tener un desarrollo y un crecimiento como comunidad.
También en nuestra visita conversamos con Asdrubal Hidalgo, un adulto mayor de 78 años; quién toda su vida ha vivido en Sacramento y Jorge Mejía, es presidente de la Asociación de Desarrollo de Sacramento. En el primer caso afirman que en todos sus años el pueblo literal no ha cambiado nada.
«De los 78 años que yo tengo aquí, y este pueblito es como una fotografía no ha cambiado nada, y es poco lo que hemos variado. No es que hemos venido a desbaratar el pueblo, a urbanizar y situaciones similares; no es justo lo que quieren hacernos porque son años que llevamos en esta lucha y pedimos ser escuchados», manifestó.
Por su parte Mejía sostiene que el desarrollo es algo que no han podido lograr con la comunidad.
«Los proyectos acá son de emprendedores para que las personas que viven acá se desarrollen de ahí mismo con ventas en el camino o similar, pero con este problema en el volcán no nos dan permisos de la escuela hacia arriba. La verdad uno se siente mal que no lo atienden e ignoran nuestras peticiones o reclamos», manifestó Mejía.
RECURSO INDISPONIBLE
La polémica ley 65 de 1888 se redactó y promulgó con el fin de proteger las fuentes de agua que abastecen a Heredia y Alajuela, aunque en realidad al día de hoy no hay nacientes que abastecen a Alajuela, pero tampoco a los vecinos de Sacramento.
La verdad sobre el recurso es que las nacientes existentes en la zona son hoy propiedad de la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH), y de forma muy particular no hay agua en una buena parte de las propiedades de la comunidad de Sacramento.
«La casa de los guardaparques no tiene agua potable, tienen que subir el agua para la sodita que hay ahí. La poca agua que había hace alrededor de 30 años en el tiempo de Oscar Arias se vendió o regaló a la Empresa de Servicios Públicos; porque esa sí es una buena naciente la que tenía la finca de Edgar Sánchez; tío de Oscar Arias. La Empresa de Servicios Públicos se llevó toda el agua, no le dejó a Sacramento ni una gota, solo de la escuela para abajo tienen agua. Desde ahí y hasta el volcán hay como 25 fincas que no tienen agua y no dan el servicio», explicó doña Elvia Víquez.
En la segunda parte de estos reportajes le contamos sobre los alegatos legales, y como los vecinos de Sacramento continúan en la lucha por su determinación territorial.
Puede observar este reportaje especial de La Reacción a continuación.